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Empiezo por lo personal, porque esta pregunta parece de economistas y acaba siendo muy íntima: yo todavía no me he jubilado. Estoy de baja por el ictus, pero estoy deseando jubilarme. En España me tocaría a los 67, después de más de 38 años trabajando —casi 15 de ellos con dos empleos a la vez, como asalariado y como autónomo—. Y llevo un tiempo en una situación que en nuestra comunidad conocen muchos: una especie de prejubilación sin serlo del todo.
Lo cuento porque cuando hablamos de la edad de jubilación hablamos de cifras, pero detrás de cada cifra hay una vida haciendo cuentas con el calendario en la mano.
La edad legal sigue subiendo poco a poco. En 2026: 66 años y 10 meses para quienes no acrediten 38 años y 3 meses cotizados; 65 para quienes sí los acrediten. En 2027 se llegará a los 67. La jubilación anticipada permite adelantarla dos o cuatro años según el caso, con reducciones en la pensión.
Más allá de la edad, el debate de fondo es otro: que las pensiones basten para vivir con dignidad. Porque jubilarse no es solo dejar de trabajar: es empezar una etapa que puede durar treinta años. Treinta años necesitan algo más que una fecha en el calendario.
En la comunidad hay gente de muchos sitios, y las diferencias son enormes. Por gente que conozco: en Latinoamérica las pagas son bastante peores, aunque antes podían jubilarse antes que aquí. En Estados Unidos el tema de las jubilaciones es bastante complejo y difícil. En Europa cada país tiene su forma y su situación, muy particulares.
España no es de los mejores sitios para jubilarse, pero tampoco de los peores. Los funcionarios y los que trabajaron en la banca tuvieron bastantes procesos de jubilación anticipada: había gente con menos de 60 años que se podía jubilar.
Y luego está lo que vemos cada día en la comunidad: mucha gente que con una determinada edad pierde el empleo y ya no encuentra otro hasta su fecha de jubilación. Viven como una prejubilación forzosa, sin haberlo elegido. De eso hablamos en el artículo sobre el edadismo en el mercado laboral.
A mí no me parece bien, sobre todo si has trabajado muchos años. Y no es lo mismo jubilarse con 67 habiendo trabajado sentado en una oficina que habiendo estado en la construcción o en la mina: hay profesiones muy penosas, con mucho esfuerzo físico. Pedirle lo mismo a un cuerpo que lleva cuarenta años al aire libre que a uno que lleva cuarenta años en una silla no me cuadra.
Dicho esto, también es verdad lo otro: no hay dinero para todas las pensiones. Retrasar la edad a los 67 me parece muy tarde, pero el sistema tiene el problema que tiene.
Yo decía en el trabajo, porque me gustaba tanto lo que hacía, que cuando me jubilara haría lo mismo que ahora, pero en vez de con el salario, con la pensión. Sin cobrar de la empresa, vaya. Me gusta trabajar, me gustaba lo que hacía.
Desde el ictus lo miro de otra manera: tengo mucho que leer, mucho que visitar, mucho que hacer todavía. Porque todavía me quedan muchos bailes por hacer.
¿Y tú? ¿Te jubilaste a la edad que esperabas, o la vida te cambió los planes? Si te apetece contarlo, te espero en La Cafetería: aquí se aprende mucho de cómo lo vive cada uno.
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