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El artículo de hoy no lo cuento yo. Lo cuenta ella. La conozco bien, y su historia es la de miles de personas en España y en Latinoamérica. La dejo con vosotros.
Su historia, en primera persona
Trabajé más de veinticinco años en el mismo proyecto. Veinticinco años levantándome cada mañana para lo mismo, sabiendo hacerlo bien. Con cincuenta y ocho años perdí mi trabajo.
Desde entonces he tenido decenas de entrevistas. Muchísimas. Llamadas para ofertas, procesos, esperanzas… pero en cuanto veían mi edad, se acababa todo. No había segunda llamada. Nada.
Y desde hace tres o cuatro años, ni una sola llamada. Ni una sola.
No te voy a decir que no duela. Duele. Pero más que doler, cansa: cansa explicar quién eres a gente que ya ha decidido quién eres antes de escucharte.
A mí esto me lo deja clarísimo: cuando una empresa descarta a alguien por la edad, pierde miles de horas de trabajo, de experiencia, de conocimiento.
Yo he tenido más de ciento veinte empleados bajo mi responsabilidad. Sé lo que es hacer equipos. He dirigido empresas, he dirigido recursos sociales, he dirigido recursos de hostelería. Y te digo una cosa: imagínate lo que vale alguien que puede mentorizar y acompañar a quien empieza, a quien tiene uno o dos empleados a su cargo o está iniciando un proyecto. Eso no se aprende en un máster. Eso lo dan los años.
Los datos lo confirman: en España la edad efectiva de jubilación ronda los 61 años, de las más bajas de Europa. Un experimento con candidaturas mostró que, a igual currículum, los candidatos de 49 años recibían un 50 % menos de llamadas que los de 35. En Latinoamérica, donde las redes de protección son más débiles, mucha gente mayor tiene que seguir trabajando y choca con las mismas barreras, con empleos más precarios.
Te voy a ser directo: creo que vas a tener que buscarte las habichuelas por ti mismo. Emprender, autoempleo. Hoy la inteligencia artificial te permite emprender sin apenas invertir, y esa es una buena salida para vender tus servicios y tus capacidades.
Pero lo que no debes hacer es quedarte quieto en casa. Tómatelo como un trabajo: buscar trabajo es un trabajo en sí. Con horario, con rutina, con constancia.
Hay muchísimos trabajos donde la edad es una ventaja. El problema es doble: la mayoría no lo ve, y muchos no quieren contratarte porque piensan que no te pueden pagar como a un chaval de veinte años.
Cuando yo era joven me decían: «Es usted muy joven, no tiene experiencia. Cuando tenga más experiencia, vuelva». Y ahora me dicen: «Es usted muy mayor, estamos buscando gente más joven». El tema laboral es complejo, y no siempre es fácil. Pero la experiencia no caduca.
De la prejubilación forzosa —esa que vive tanta gente entre que pierde el empleo y le llega la jubilación— hablamos también en el artículo sobre si nos jubilamos pronto o tarde en comparación con otros países.
El edadismo no se combate solo con leyes, sino cambiando la mirada. Si lo has vivido —o si le diste la vuelta emprendiendo—, tu historia puede servir a otros. Cuéntala en La Cafetería: aquí se aprende mucho de cómo lo vive cada uno.
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