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Te voy a ser sincero: durante mi vida laboral yo no planificaba la compra. Viajaba más de doscientos días al año y comía fuera casi siempre, así que compraba para el día, sin plan ninguno. La lista sí la he hecho siempre —en el móvil ahora, en papel antes de que hubiera móviles—, pero ya te digo yo que iba por una cosa y volvía con tres o cuatro.
Ahora que cocino en casa he tenido que aprender. Y esto es lo que me funciona.
La lista, siempre. En el móvil, en papel o de memoria cuando la memoria acompañaba. La lista ordena la cabeza: frutas, verduras, carnes, lácteos. Yo la llevo en una nota del móvil que reutilizo cada semana.
Pero que la lista no te engañe. A mí siempre me caían más cosas de las apuntadas, a veces casi tantas como las que llevaba. Vas por una cosa y te llevas cuatro: es lo típico del supermercado. La lista ayuda, pero hay que ir con los ojos abiertos.
Mira la despensa primero. Antes de apuntar nada, mira lo que ya tienes y lo que está a punto de caducar. Lo que está a punto de pasarse se cocina primero: esa es toda la filosofía.
No vayas con hambre. Parece un tópico, pero funciona: con el estómago lleno resistes mucho mejor los ultraprocesados azucarados del pasillo central.
A mí donde más me gusta comprar es en los mercados de toda la vida y en las tiendas de barrio. Las grandes superficies me gustan menos, aunque a veces son lo más cómodo y no queda otra.
Ir acompañado lo cambia todo. Si voy solo, hago la compra rápido. Pero cuando voy con alguien me gusta ir viendo, paseando… y a veces nos separamos: tú por allí y yo por aquí, cada uno buscando lo suyo. La compra así es casi una actividad social.
Empieza por lo no perecedero —conservas, legumbres, arroz, pasta— y deja lo fresco para el final: así no rompes la cadena de frío.
Prioriza lo básico: verduras, frutas, legumbres, frutos secos, cereales integrales, carnes magras, pescado, huevos, lácteos y un buen aceite de oliva virgen extra. Si la cesta lleva eso, la semana está resuelta.
Yo antes miraba primero el precio, y solo el precio. En los últimos meses, desde que me cuido, miro las calorías, y si tiene sal o si tiene azúcar. Evito sobre todo las grasas, el azúcar, la sal y que tenga muchas calorías. Y hay dos trucos que sí funcionan:
Ingredientes: van en orden de cantidad. Si el azúcar o la grasa aparecen entre los primeros, mala señal.
Fechas: distingue «caducidad» de «consumo preferente»; lo segundo admite margen si el producto está bien conservado.
Una compra planificada se nota en la cartera, en la nevera y en el plato. Yo tardé años en aprenderlo —de los que no planificaban nada a los de la lista del móvil—, y ojalá lo hubiera empezado antes. ¿Tienes un truco propio para la lista de la compra? Compártelo en La Cafetería: aquí se aprende mucho de cómo compra cada uno.
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